
La expansión, ilimitada en apariencia, de su poderío material, ha colocado a la humanidad en el lugar de un capitán cuyo buque está construido con tanta abundancia de acero y hierro que la aguja de su compás apunta sólo a la masa férrea del propio buque, y no al Norte. Con un barco semejante no hay modo de poner proa hacia ninguna meta; navegará en círculo, entregado a vientos y corrientes.
Pero […] podemos añadir que el riesgo subsiste sólo en tanto que el capitán ignora que su compás ha perdido la sensibilidad para la fuerza magnética de la Tierra. En el instante en que este hecho se pone al descubierto, una buena mitad del riesgo se esfuma, ya que el capitán que no quiere dar vueltas al azar […] encontrará sin duda algún medio para determinar la dirección de su barco: podrá inventar una forma más moderna de compás, insensible a la masa del propio buque, o podrá orientarse por las estrellas, como en antiguas épocas.
Werner Heisenberg, 1955.