El Limbo, según la tradición medieval, es el lugar al que iban las almas de los niños no bautizados. Ahora desaparecerá para siempre.
Así lo ha decidido la comisión teológica que estudia el caso estos días en el Vaticano (no me queda claro qué harán con los que ya tuvieran allí…)
Esto sí es poder, lo demás, tontería.
¿Para cuando lo de hacer desaparecer el infierno?